
PROLOGO
La historia de la vida de cualquier ser humano, pertenece a la historia de su familia, a la de la sociedad de su entorno inmediato y a la historia de la humanidad. Esa vida es una partícula microscópica del universo, que formada de sus mismas sustancias, nace, crece, se reproduce y muere siguiendo las leyes del cosmos.
Escribir la historia de una vida, recrear su infancia, su juventud, sus anhelos y sueños, los sucesos que impresionaron su conciencia y moldearon su conducta y personalidad, unida a la historia de su familia y a la de la sociedad de su entorno inmediato, es un aporte de muchos modos útil a la humanidad y es un acto de comunicación social como seres sociables que somos.
Esta es la historia de mi vida, tratando de encontrar en ella las causas de mi destino, la explicación de mis sentimientos y emociones y la justificación de mis actos realizados en el transcurso de mi existencia en mi cualidad humana.
Pienso que la vida es un juego de ajedrez, en cuyo tablero, lo bueno y lo malo, representados por los iconos de Dios y del diablo, se disputan las almas, en la infinita eternidad de la existencia, lleno de trampas mortales e inmortales. Se entra a participar en este juego sin darse cuenta, inocentemente y solo se percata tarde, cuando el destino está marcado y el papel que se desempeña no es el que corresponde. Se reacciona, se trata de entender, de aprender las estrategias y las tácticas del juego, y en un esfuerzo sobrehumano, reorienta su vida, salta del tablero y escapa, busca salida, recorre apresuradamente los cuadros del gigantesco tablero que te persigue para atraparte de nuevo, como en una pesadilla sin fin, te asustas, decides enfrentarlo y piensas, aprendes a jugar y a ponerle jaque a la vida!




La Camerata Cambrensis es una orquesta de cámara con base en Navarra dirigida por Caroline Collier y que cuenta con músicos profesionales pertenecientes a las orquestas más importantes de la zona vasca y vascofrancesa. Forman este grupo desde el año 2002.












Federico García Lorca Romance de la luna luna Romancero gitano / 1924-1927
Leído por Luigi Maria Corsanico Manuel De Falla Nana Nadège Rochat & Rafael Aguirre
La luna vino a la fragua con su polisón de nardos. El niño la mira, mira. El niño la está mirando. En el aire conmovido mueve la luna sus brazos y enseña, lúbrica y pura, sus senos de duro estaño. Huye luna, luna, luna. Si vinieran los gitanos, harían con tu corazón collares y anillos blancos. Niño, déjame que baile. Cuando vengan los gitanos, te encontrarán sobre el yunque con los ojillos cerrados. Huye luna, luna, luna, que ya siento sus caballos. Niño déjame, no pises mi blancor almidonado. El jinete se acercaba tocando el tambor del llano. Dentro de la fragua el niño tiene los ojos cerrados. Por el olivar venían, bronce y sueño, los gitanos. Las cabezas levantadas y los ojos entornados. Cómo canta la zumaya, ¡ay, cómo canta en el árbol! Por el cielo va la luna con un niño de la mano. Dentro de la fragua lloran, dando gritos, los gitanos. El aire la vela, vela. El aire la está velando.

En 1940, dos años antes de fallecer de tuberculosis en Ciudad de México, el poeta Porfirio Barba-Jacob le cuenta a Tiempo de Vuelta los motivos que tuvo para irse de Colombia, para cambiar tantas veces de nombre y para vivir en constante trashumancia por tierras de Centroamérica, Perú y Colombia. El también autonombrado Ricardo Arenales habla de política, poesía y periodismo, y por momentos parece extraviarse en sus propios poemas.
CANCIÓN DE LA VIDA PROFUNDA
Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar...
Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonría...
La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar...
Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en Abril el campo, que tiembla de pasión;
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.
Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de obscuro pedernal;
la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.
Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
-¡niñez en el crepúsculo! ¡lagunas de zafir!-
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
¡y hasta las propias penas! nos hacen sonreír...
Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer;
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.
Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar:
el alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.
Mas hay también ¡oh Tierra! un día... un día... un día
en que levamos anclas para jamás volver;
un día en que discurren vientos ineluctables...
¡Un día en que ya nadie nos puede retener!
LAMENTACIÓN DE OCTUBRE
Yo no sabía que el azul mañana
es vago espectro del brumoso ayer;
que agitado por soplos de centurias
el corazón anhela arder, arder.
Siento su influjo, y su latencia, y cuando
quiere sus luminarias encender.
Pero la vida está llamando,
y ya no es hora de aprender.
Yo no sabía que tu sol, ternura,
da al cielo de los niños rosicler,
y que, bajo el laurel, el héroe rudo
algo de niño tiene que tener.
¡Oh, quién pudiera de niñez temblando,
a un alba de inocencia renacer!
Pero la vida está pasando,
y ya no es hora de aprender.
Yo no sabía que la paz profunda
del afecto, los lirios del placer,
la magnolia de luz de la energía,
lleva en su blando seno la mujer.
Mi sien rendida en ese seno blando,
un hombre de verdad pudiera ser...
¡Pero la vida está acabando,
y ya no es hora de aprender!
FUTURO
Decid cuando yo muera... (¡y el día esté lejano!):
soberbio y desdeñoso, pródigo y turbulento,
en el vital deliquio por siempre insaciado,
era una llama al viento...
Vagó, sensual y triste, por islas de su América;
en un pinar de Honduras vigorizó el aliento;
la tierra mexicana le dio su rebeldía,
su libertad, su fuerza... Y era una llama al viento.
De simas no sondadas subía a las estrellas;
un gran dolor incógnito vibraba por su acento;
fue sabio en sus abismos -y humilde, humilde, humilde-
porque no es nada una llamita al viento...
Y supo cosas lúgubres, tan hondas y letales,
que nunca humana lira jamás esclareció,
y nadie ha comprendido su trágico lamento...
Era una llama al viento y el viento la apagó.
